¿Cuándo fue la última vez que agradeciste el sabor de las fresas?

Siempre hay una ligera incomodidad al hablar -o escribir- acerca del desarrollo personal. En primera instancia está la necesidad de evaluar ¿quién soy yo para hablar de esto?

La primera respuesta es: alguien que está también en la búsqueda. Si no fuese el caso no tendría la opción de siquiera intentarlo. El que quiera hablar de cocina tendrá que ensuciarse y aprender sobre la marcha. Nadie nació sabiendo hacer un pastel y nadie vino a la vida con todas las respuestas.

El desarrollo personal también tiene una segunda complicación. A diferencia de la preparación de algunos platillos, donde puedo compartir el resultado de mis esfuerzos, en el caso de la mejora continua es imposible hacerlo por otros y para otros.

Creo en la generosidad y la energía enfocada a otros, pero también puedo dar cuenta de la delicada línea que existe entre el impulsar al de enfrente a desarrollar sus capacidades y empezar a evangelizar bajo recetas que no siempre sirven y no siempre saben igual.

El tercer reto es la imposibilidad de una meta compartida. Es un error asumir que vemos el final del trayecto de la misma manera. Tenemos que entender que estamos en proceso y el camino es la meta. No hay una línea y un reloj que nos diga que hemos llegado. Me cuesta mucho trabajo explicar la forma como llegó a mí esta conclusión. Tal como hablaba hace poco con uno de mis mentores, practice is perfect, no podemos estar pensando en cierto resultado cuando estamos en la búsqueda, porque entonces no estamos buscando mejorar, estamos buscando llegar. ¿Y luego qué?

Con todo y estos tres retos podemos encontrar una pieza sobre la cual asentar el camino para el desarrollo personal: el agradecimiento.

Everything is a gift. The degree to which we are awake to this truth is a measure of our gratefulness, and gratefulness is a measure of our aliveness. — DAVID STEINDL-RAST

Es la primera pieza porque es a su vez flexible y robusta. Si tú le preguntaras a diversas personas acerca de la gratitud tendrías casi tantas respuestas como encuestados. Para algunos es un sentimiento, otra la ven como una práctica e incluso puede llegar a verse como una predisposición u obligación. Hay quien lo ve como un rasgo intrínsecamente humano y quien lo ve como ingrediente cultural.

Por más que todos podríamos dar ejemplos de momentos en los que nos hemos sentido agradecidos, difícilmente podríamos llegar a una definición común.

Imagen extraída del Libro Grateful de Diana Butler Bass

Según la autora protestante Diana Butler Bass, el agradecimiento involucra dos formas de experiencia: las emociones como sentimientos en respuesta a los regalos de la vida, y la ética como acciones en respuesta a los regalos. Estas a su vez se desenvuelven en dos arenas de nuestra vida: la personal, yo como individuo y la pública, nosotros como comunidad.

En general, el sustrato que nutre estos cuatro momentos tiene que ver con la predisposición a ver el mundo como un lugar lleno de regalos.

En su libro Braiding Sweetgrass, Robin Wall Kimmerer expresa que la naturaleza de los objetos cambia dependiendo de la forma como llegan a nosotros. Desde pequeña Kimmerer formó su pensamiento en una tradición que celebra la naturaleza como un regalo y una responsabilidad. Para la Nación Potawatomi vivimos en un entorno colmado de regalos y eso crea una relación continua con el medio ambiente.

En la lengua de esta Nación el ser generoso y agradecido se podría traducir como “ser como una fresa”. Y es que las fresas son ejemplos que nos permiten aprender a disfrutar de la vida como un regalo. La dulzura, color y aroma de estos frutos nos envuelve muchas veces en platillos que compartimos al celebrar.

Si bien es cierto que estas características podrían entenderse desde una perspectiva estrictamente evolutiva -donde la Fragaria × ananassa está buscando mantenerse apetitosa para atraer a los polinizadores, la realidad es que existen muchos escenarios donde no habría sido así. Por eso es un obsequio, ya que nada tuvimos que hacer para disfrutarla tal como llega a nosotros.

El agradecimiento nos libera y nos une. Estar constantemente reconociendo los regalos que recibimos podría parecer trivial dentro de nuestras tareas diarias, pero es un buen arranque en el camino del desarrollo personal.

No podemos estar pensando en ser más disciplinados u ordenados si no estamos en posibilidad de construir un contexto que haga que valga la pena el esfuerzo.

Ese contexto es la posibilidad de reconocer en cada circunstancia, evento o situación -aún si viene en forma de reto- un regalo, que hemos recibido con beneficios inesperados en donde somos capaces de responder con palabras y acciones para convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. Es el ser agradecidos.