Tener clientes

Yo por lo general no suelo tener clientes. Durante un periodo estuvimos trabajando 100% gratis para aquellas personas que antes nos pagaban algo, como una forma de hacerles saber nuestra perspectiva sobre sus proyectos. Aquellos que no recibieron esta opción fueron notificados que no estaríamos trabajando más con ellos.

Lo anterior en razón de la satisfacción que provee el trabajo. Desarrollar actividades con alta carga de compromiso creativo requiere que la energía entre ambas partes sea la adecuada. Cuando alguna de las partes no se siente satisfecha, y más importante aún, segura de que su interlocutor comparte sus objetivos, es imposible llegar a resultados. Y cuando no hay resultados no hay porque hacer las cosas.

Esto viene a colación de una cuenta que estamos por cerrar. Ha sido poco trabajo, nos solicitan que arreglemos grillas internas como parte de la iguala y se esperan rendimientos extraordinarios. Constantemente se pone en tela de juicio el criterio profesional y las herramientas empleadas por la agencia. Es una persona que no sabe delegar y promueve una visión defensiva en su equipo. En suma es un mal cliente. Y tener clientes suele ser un mal negocio. Es mejor tener amigos, idear con ellos y disfrutar de manera compartida los frutos de un proyecto bien realizado, con la energía y la confianza correctas.

“When you advertise fire-extinguishers, open with the fire”

Decía el multicitado David Ogilvy.

Estudios diversos demuestran que si es aburrido no le prestamos atención. En realidad tenemos 30 segundos para captar la atención de una audiencia, sea en una presentación, en un foro, en una junta semanal de rutina. Tenemos que empezar fuerte, hit the ground running, para después entrar a las minucias del desarrollo y la operación.

A todos nos gusta que respeten y valoren nuestro tiempo, nos gusta que nos entretengan y nos reten. Ser aburrido, absolutamente metódico y plano es una falta de respeto al interlocutor.

La experiencia cuenta la historia

Los muchachos de la agencia de diseño Method saben de lo que hablan. El día de hoy publicaron el ensayo “The Experience Tells the Story” para el proyecto 10×10, donde en análisis periódicos des-hilan algunas de las hebras más complicadas sobre lo que el manejo de experiencias, diseño, marketing y comunicación digital respecta.

Pueden bajar el documento directamente de su página pulsando aquí.

Feliz martes.

En favor de las calorías

El día de hoy vi por segunda ocasión una campaña de Coca-Cola, que trata de dar la vuelta a la idea que comúnmente tenemos de la ingesta calórica. Si bien es cierto que los estilos de vida actuales, tal como el sedentarismo y el elevado consumo de azucares procesadas, tienen a los sistemas de salud pública contra la lona, también es cierto que es trabajo de los publicistas re-enfocar problemáticas sociales.

Darle la vuelta a las cosas y encontrar maneras positivas de enmarcar las ideas. En realidad el problema no son las calorias por si mismas, ni siquiera lo es el refresco de cola, el problema es la suma de hábitos y malas costumbres, que con sus recientes campañas tratan de cambiar e invitar a los consumidores -porque eso no se les quita, el trato condescendiente sobre la felicidad- a retomar actividades que requieran movimiento y acción.

En su anuncio no se ve a las personas en la computadora o jugando X-Box, en el anuncio se ven personas activas y plenas. Y ese balance, publicitario después de todo, es de reconocerse.

Talento

El santo grial, la última coca del desierto, el oasis del otro lado de la ciudad en cualquier película de zombies.

En México se necesita talento no ideas. Las ideas viven solas en un mundo platónico intangible. El talento transforma estas en realidades y pasa por todas las desveladas, las discusiones triviales, las confrontaciones de egos y los lugares comunes. Los deja atrás y revoluciona la manera como las personas entienden su “estado de yecto”, acudiendo a un término de mis amigos existencialistas.

En realidad la inversión más valiosa en cualquier empresa es en talento, en promover, crecer y captarlo. Porque es hermoso. Y escaso.

Una marca no es tu historia, es lo que hace tu historia

Cuando hablamos de generar marcas hay que tener presente que es un esfuerzo que se sostiene a lo largo del tiempo. En realidad pudiera parecer que cualquier spot publicitario abona a la causa pero no es así.

Hay un libro que amo llamado BRAND is a four letter word, de Austin McGhie, que establece que las marcas no son estímulos del emisor, pero respuestas del mercado. Es por ello que tenemos que entender que aún la mejor historia, el anuncio más emocional y la experiencia más vívida en una activación no representan una marca. Todo esto son mensajes, no esquemas.

El framework o esquema es en realidad el que juega un papel importante. Ahi se conjugan los esfuerzos online y offline. Se toman decisiones de estilo y se ganan batallas en la sala de juntas.

Diferenciarse no es innovar.

Platicando hace unos días con un gran amigo él hizo esta afirmación que me dejó perplejo. En realidad muchas de las industrias hoy en día no requieren de una verdadera innovación, trastocar sus segmentos y/o sus ofertas de valor. Únicamente requieren una diferenciación. Como el agua.

¿Qué hace que una industria -como el sector salud- tenga que innovar a velocidades vertiginosas y otras -como el automotriz- no?

 

Hay belleza en lo imperfecto

¿Qué es lo que no te gusta de tu platillo favorito?

Cuando estamos disfrutando de aquello que más nos llena no reparamos en sus defectos o en sus faltas. Las hamburguesas engordan, pero aparte de eso no he encontrado a alguien que rápidamente pueda decir que cambiaría en ellas.

La imperfección de una carne magra es su mejor virtud.

En las campañas publicitarias solemos cuidar cada detalle, que la marca o el producto sean percibidos como infalibles. Pero en la época digital es imposible mantener un estándar de absoluta perfección y los usuarios prefieren cierta honestidad a una imagen construida sobre apariencias.

Sin que nada de esto signifique que el producto o la campaña pueden salir sin ser perfectas, solo entender que aún la mayor perfección, resulta fea en cierto contexto y cierta imperfección es bella como el caos.

Buen lunes.