Recordar es volver a vivir, el poder de las historias en los negocios

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Historias

Hay que tener mucho cuidado con los datos. Pueden hacerte creer que estás en lo cierto y, peor aún, puedes estarlo.

Pero de nada sirve tener la razón si las personas no pueden ni siquiera recordar sobre qué estábamos hablando. Este es un error muy común en el mundo de los negocios. Horas completas y miles de tazas de café se invierten cada día para conformar presentaciones que tengan un sustento sólido en datos y análisis, pero que nada hacen por su audiencia.

Si vamos a disponer del tiempo de las personas es importante que mostremos respeto, es importante que salgan de la reunión con la satisfacción del tiempo bien invertido y avances en las necesidades que originaron la reunión. Para lograr esto es indispensable que puedan vivir a fondo el tema abordado. Cuando hacemos presentaciones exclusivamente con datos, por muy buenos que sean, no damos más opción a nuestra audiencia que estar o no de acuerdo.

Las historias se recuerdan

Si nos apoyamos en historias se activan diversos espacios sensoriales del cerebro, hacemos que las personas “vivan” en cierta medida el hecho y con ello hay más factores que pueden motivar una vinculación con nuestra idea. Asimismo, facilitan el pensamiento lateral que a su vez puede traer nuevas perspectivas y soluciones a la mesa.

Dicho de otra manera, plantear las ideas a través de historias hace más probable llegar a soluciones que cuando “justificamos con datos” una propuesta, y abrimos las opciones a dos: la posibilidad de vetarla o no.

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